Se encontraron de nuevo al final del camino, detrás de rejas que asomaban en calma el encuentro permitido en noches frías.
Las palabras surgieron, las respuestas visibles se hicieron y el silencio perdido quedo; la lluvia da paso a un arcoiris, este a un cielo despejado y luego a una noche nublada de luna, que guía el camino de los perdidos y así todo comienza otra vez; no aquí, no cerca, con otros personajes y quien sabe, con un desenlace enternecedor.
Ella anuncio que era hora de marcharse mientras suavemente un beso se plasmaba en la mejilla de el; conteniendo su impotencia el reloj empezó otra vez a caminar segundo a segundo. Ella susurro: -un día puede que se de- con una sincera sonrisa en su rostro; el la miro a los ojos, buscando la magia que en el primer día cautivo sus sentidos, a lo que el respondió con una calma absoluta: -ya no-.
Paso a paso se fue alejando de aquel corredor de mágico inicio e ilusorio trance. La luna se escondía detrás de las nubes que dibujaban el inicio de un nuevo camino, a diferencia de otras veces, de otros finales, sintió en su corazón calma y tranquilidad, dibujados en siete millones de colores.
El día ha llegado, el sol se encuentra en lo alto y la posibilidad de posibilidades se abre en el transcurso de los días que seguirán viniendo.

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